El Reglamento de Ejecución (UE) 2025/854 establece el programa coordinado de control de residuos de plaguicidas para el período 2026–2028, definiendo qué combinaciones de productos y sustancias deberán ser analizadas por los Estados miembros. Este enfoque busca garantizar el cumplimiento de los límites máximos de residuos (LMR) y generar datos representativos sobre la exposición de los consumidores en la Unión Europea.
A diferencia de un control generalizado, el programa sigue una lógica rotativa, focalizando cada año determinados productos estratégicos. En el caso de 2026, al cruzar esta información con productos de temporada de otoño, destacan con claridad las peras y los kiwis como los principales cultivos bajo vigilancia.
Las peras se posicionan como uno de los productos con mayor carga analítica del programa. En 2026 deberán ser evaluadas frente a un amplio espectro de sustancias activas, incluyendo 2,4-D, glifosato, glufosinato, etefón, propamocarb, ditianona, nicotina y óxido de fenbutatina. La presencia de herbicidas, fungicidas, reguladores de crecimiento e incluso compuestos de origen no estrictamente fitosanitario refleja la amplitud del enfoque europeo. Este nivel de control responde tanto a la relevancia del producto en la dieta como a su historial de monitoreo en campañas anteriores.
Por su parte, los kiwis también forman parte del programa 2026, aunque con un número menor de sustancias asociadas. En este caso, los controles incluyen glifosato, glufosinato y clorotalonilo, todos ellos compuestos ampliamente utilizados en la producción agrícola, pero sujetos a estrictas exigencias regulatorias en la Unión Europea.
En contraste, otras frutas típicas del otoño como manzanas, membrillos o granadas no han sido consideradas dentro del programa para 2026, lo que evidencia la rotación del sistema. De igual forma, hortalizas como zapallo, berenjena, acelga, espinaca y brócoli quedan fuera del foco ese año, siendo abordadas en ciclos posteriores.
El programa establece además que los Estados miembros deben realizar muestreos armonizados y reportar los resultados de forma estandarizada, permitiendo una evaluación comparativa a nivel comunitario. Esta información es clave para futuras decisiones regulatorias y ajustes en los LMR.
Para los exportadores —particularmente en países como Chile— este escenario plantea un desafío concreto: la necesidad de reforzar la gestión de residuos en productos como la pera, donde el número de sustancias controladas es significativamente mayor. No se trata solo de cumplir con los límites establecidos, sino de anticiparse a un entorno de fiscalización cada vez más específico y exigente.
En este contexto, comprender en detalle qué sustancias serán analizadas y en qué productos se concentrarán los controles permite tomar decisiones más informadas en campo, reducir riesgos de rechazo y fortalecer la competitividad en el mercado europeo.